EL PRINCIPE ENCANTADO

EL PRINCIPE ENCANTADO Algunos días, recupero, sorpresivamente, la magia de las mañanas de mi niñez. Aquellas mañanas heladas de invierno, cuando no me alcanzaba el tiempo para levantarme más temprano y ser testigo de la helada que se perdía suavemente en la hierba, a medida que el sol la iluminaba. Aquellas otras, cuando la dulzura de la luz veraniega inundaba el jardín, impregnado del rocío perfumado de la hierba y de las flores. Todo me deslumbraba, los pájaros entre las ramas, los azahares, el verde del pasto, las abejas, las ranas y las hormigas. Entre todos estos misterios estaba el de mi incansable seguidor, el sapo. En mi casa vivía un sapo. Extrañamente, elegía mis zapatos para acurrucarse adentro si quedaban afuera, o entre todos los juguetes, eran los míos los que llamaban su atención, y allí lo encontraba por la mañana. Uno de mis mayores placeres en las tardes de vacaciones era leer a la hora de la siesta. En la cama, con mi libro y una manzana, era mi momento de gloria. Todas las mañanas mi madre dejaba las puertas de los dormitorios abiertas a la galería para que se ventilaran. Y al mediodía las cerrábamos para conservar frescas las habitaciones. Un día descubrí que lejos de estar sola, mi amigo el sapo me acompañaba silenciosamente debajo de mi cama…. Inventé mil estrategias para evitar que entrara, pero él siempre vencía, silenciosamente, ocupaba su lugar en el rincón, justo debajo de mi cama. Un día, cansada ya de tanta insistencia, le pedí a mi hermana que cambiáramos de cama y grande fue mi sorpresa al mirar debajo, y encontrarlo muy satisfecho allí, esperándome. Esto se sucedió a lo largo del tiempo, hasta que crecí. Me fui de casa, luego me casé, y muchos años después, de camping con mi marido, reviví esta historia. Llegó la mañana, y con mucho entusiasmo abrí la carpa para disfrutar de la mañana, que siempre me encantó, y ahí, sentado, muy quietecito y formal, mirándome con total atención, descubrí a un familiar de mi viejo amigo, esperándome…. Fue, por muchos años, mi último encuentro. Viví en la ciudad, y algo habré perdido por el camino, porque ya no me buscaron…. Hace unos días, volviendo una noche oscura a casa, con una lluvia torrencial, encontré en el umbral, escondido detrás de una maceta, a un sapo. Sentí una alegría muy honda, de pronto recuperé la magia de esa mirada capaz de ver en una noche tormentosa el milagro de la vida. Capaz de percibir el misterio, la pasión, el encanto y la belleza en cualquier momento, en un hecho fugaz, en un momento de conciencia encendida. Lo invité a quedarse en nuestro jardín, y a la mañana siguiente lo busqué, pero ya no estaba. Se había ido, pero su paso fugaz por este presente mío fue suficiente para recordarme cuan vivo está aún en mi corazón, en mi memoria, esa posibilidad de vivir la vida como un verdadero milagro, como una bendición. Por supuesto que, entrenada en el pensar, busqué el significado del sapo como símbolo, y encontré que muestra la capacidad de transformación, de cambio, de alquimia. Gracias querido amigo, por recordarme la magia y la eterna posibilidad de abrirnos, aprender y transformarnos.

Publicado por Susana Zurschmitten.