NOCHE EN FLOR

Hace unos años la madre de un amigo de mi esposo nos envió de regalo una pequeña maceta con una hoja incrustada en el medio. Nos pareció sumamente extraña, esta misteriosa planta de una sola hoja, sin raíces ni tallos. La llevamos al patio y ahí quedó, transformándose poco a poco en un extraño ejemplar, de hojas grandes, tallos gruesos y largos, y alma de enredadera. La trasplantamos, y la colocamos cerca de un ventanal con rejas. Gustosa empezó a enredarse en las rejas, y seguía creciendo, ganando altura y fortaleza. Cada vez que la veía recordaba el cuento de las habichuelas mágicas, adonde llegaría? No era una planta bonita, de vez en cuando pendían de sus hojas unos penachos amarillentos, y llegué a pensar que era su flor. Extraña flor, cerrada como un capullo, caída sobre sí misma, un misterio. Una noche, llegando tarde del trabajo, percibí en el aire un perfume diferente, exquisito. Sali al patio, dejándome llevar por ese aroma, desconocido. Y allí, recostada contra la reja, enhiesta y bella, estaba la flor más hermosa que he visto. Perfumaba la noche y era tal su belleza, la dulzura y el encanto que había en aire, que me llenó el alma de paz, y el corazón de gratitud. A la mañana corrí a a verla, quería volver a sentir ese perfume, pero solo encontré un penacho cerrado, que caía de la planta, como si nunca se hubiera abierto…. Asi, aprendí que esa flor grande y hermosa, semejante a un sol, entre blanca y amarilla, florecía una sola noche, bien entrada, en lo profundo de las horas nocturnas. Y duraba hasta los primeros rayos del sol. Cuando nos mudamos, la llevé conmigo. No quería ni podía separarme de esa planta tan extraña, cuyo nombre aún hoy desconozco. Estuvo conmigo en el consultorio, sobreviviendo, hasta que pudimos instalarnos en la casa nueva. Y la planté en el jardín. Hace unas noches volvió a regalarnos una de esas bellas flores perfumadas. Pero no es fácil verla, se necesita paciencia, pues van pasando las noches y no se abre, hasta que brota como un milagro de luz, de transparencia y de gozoso perfume. De estar caída, cabizbaja y mustia, pasa a erguirse, enhiesta, y abre sus pétalos en una corona perfecta, de inmaculada belleza. Por eso, me enseña tanto de la vida. Me recuerda que, más allá de las cosas aparentes, hay siempre una verdad exquisita. Que, cada uno de nosotros guarda en si mismo ese tesoro, que raras veces se manifiesta, y que, cuando lo hace, nos devuelve de una sola vez, como una gigante ola que nos inunda, la luz y la belleza de la conciencia abierta. Un maestro de yoga, a quien recuerdo con mucho cariño por su sabiduría, me decía que el mayor enemigo del hombre es el olvido. Por eso, esta humilde planta es para mí un recordatorio: no te olvides! Más allá de la batalla cotidiana, más allá de los mil quehaceres que nos distraen y nos confunden, más allá de las inquietudes, los deseos, las frustraciones y las dudas, más allá de la diversión y del sueño, está esperando para florecer esa flor interna, siempre latente, siempre presente, la luz de la conciencia, donde todo cobra sentido. Susana

Publicado por Susana Zurschmitten.