Un fin de semana en Baradero

Este fin de semana fuimos con mi marido a Baradero. Invitados por un amigo entrañable, Roberto Zaldúa, a quienes muchos seguramente ya conocen. Médico homeópata, figura muy querida en Zárate.

Con la guía de Roberto conocimos Baradero desde otro lugar interior; nos abrió la puerta al Baradero histórico, a su cultura prehispánica y autóctona, y a su belleza natural. La costa, con su río generoso, las orillas libres para acercarse y contactar con la naturaleza viva y burbujeante de sus aguas, surcada de camalotes.

Después del almuerzo largo, perezoso y saludable a orillas del rio, paseamos por los alrededores, y aquí viene el motivo de este relato, descubrimos algo (especialmente mi marido y yo, porque Roberto ya lo conocía). Algo que para mi, es un tesoro entre mis recuerdos de infancia. Descubrimos un gallinero, con gallinas verdaderas, del tamaño que no veía desde hacía años por vivir en Buenos Aires. Había gallinas batarazas y marrones-coloradas, acompañadas como corresponde por los gallos. Estaban como en mis recuerdos de infancia, sueltas, y picoteaban el piso, se hacían sus baños de tierra, y, milagrosamente, sus dueños vendían los huevos. Este amable señor nos comentó que las alimentaba con maíz y siempre estaban asi, sueltas, tranquilas, desestresadas, con saludables y musculosas patas bien delineadas, subiendo y bajando de un árbol que hacía las veces de su refugio nocturno.

Me quedé pensando mucho en esto, en recuperar esa sabiduría de compartir la vida con todos los seres vivientes que la naturaleza alberga. En exquisita armonía, en sabio intercambio.

Todos ganaríamos devolviendo sus derechos a las gallinas; nosotros, obteniendo huevos de excelente calidad, proteínas completas libres de agroquímicos y hormonas, y antibióticos. Los animales, recuperando su genuino derecho a vivir su vida en forma natural.

Ya se que es imposible volver atrás, sé también y lo comprendo, que se evoluciona asi, cometiendo errores, dando rienda suelta al pensamiento limitado, si se quiere egoísta e infantil, o más bien ignorante, de creer que el beneficio personal todo lo justifica. Que para ir hacia adelante se cometen errores, que asi se aprende. Pero aún estamos a tiempo, y cada vez más personas comprenden que el verdadero camino de la sabiduría y la felicidad y el bienestar, está en hacer lo mejor, para uno y para todos, incluyendo en este todo, al ecosistema, al universo.

Por lo tanto, tal vez hoy podamos hacer un pequeño, pequeñísimo cambio, ya sea en conciencia, ya sea en elegir buscar un poco mas y comprar un producto de mejor calidad.

Cuando pienso en estos pequeños cambios, recuerdo ese tan sabio dicho, que el vuelo de la mariposa aquí despierta un ciclón en alguna, misteriosa, desconocida, pero totalmente lógica dimensión.

Y de postre, algo que recordamos con Claudio, mi marido, y Roberto, este entrañable fin de semana: el ponche de huevo! Aquí, nuestros recuerdos diferían. Para Claudio y para mi, era la yema batida con azúcar, oporto y un chorro de soda, pero solo en períodos especiales! Después de una gripe, o un resfrío, o una eruptiva, utilizado para recuperar energías.

Para Roberto, era más habitual, simplemente como alimento muy nutritivo, y sin soda, con un toque de vainilla….

Y la salmonella? Bien, gracias!!!

Hasta la próxima, que tenga un hermoso, fructífero, nutricio dia, con todo mi afecto, Susana

Publicado por Susana Zurschmitten.